Esmalte para uñas, un poco de historia

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Esmalte para uñas, un poco de historia
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Pintarse las uñas es una de las cosas que hacen las mujeres desde que son pequeñas, pero la historia de este cosmético se remonta hasta la época de los imperios romano y griego, en los que las damas de la más alta categoría empezaron a pintar partes de su cuerpo con pigmentos naturales. Incluso en Egipto empezó a desarrollarse un compuesto con el que las reinas faraónicas pintaban sus uñas con un tinte de color negro, aunque algunas de ellas empezaron a mostrar un gusto por otros colores como el rojo rubí que utilizó la reina Nefertiti o el rojo oscuro de la famosa Cleopatra. ¿Cómo conseguían los egipcios teñir sus uñas? Lo hacían con henna, un producto obtenido de la alheña y que se aplicaba sobre las uñas y se dejaba secar el tinte, con lo que las uñas adquirían un tono anaranjado que derivaba hasta el marrón oscuro dependiendo del tiempo que se dejara aplicado sobre la uña.

egypt nails

En la China milenaria, la dinastía Ming empezó a utilizar nuevos productos naturales, como la cera de abejas, el huevo o los tintes vegetales que se mezclaban para conseguir el color deseado con el que se cubrían las uñas. El abanico de colores definía la clase social a la que pertenecía cada ciudadano, ya que mientras que la realeza utilizaba colores rojo y negro las clases sociales más bajas utilizaban colores menos vivos. La forma de fabricar el esmalte de las uñas no tuvo avances significativos sino hasta el siglo XIX debido a que la moda de las uñas era llevarlas muy cortas y por lo tanto no se le daba importancia a los colores con los que se decoraban. De hecho, utilizar colores demasiado llamativos estaban considerados como signos de muy mal gusto que había que evitar a toda costa.

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